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En donde se podrán conocer asuntos tan interesantes como la verdadera historia de la muerte de Fabricio Ojeda, los mil y un trabajos de Raimundo Kahn y muchos otros chismes y cuentos que el narrador tenga a bien publicar.

martes, 7 de octubre de 2008

¿y qUiéN eRa fABriCio oJEdA?

A estas alturas ya habrá algún curioso que desee saber quién era Fabricio Ojeda, a qué se dedicaba, cómo vivía.
Porque en las historias que la gente suele contar, por lo general hay un héroe o un protagonista. Una historia sin protagonista carece por completo de sentido. ¿De quién hablaríamos, en la vida de quién meteríamos nuestras narices con ánimo de fisgones, si no tuviéramos un protagonista?
Cuando lo conocí, Fabricio Ojeda ya había pasado por diversos oficios, entre los que recuerdo el de matador de vacas, hacedor de colchones, y cobrador de camionetas. Claro, cualquiera pensaría que no hay nada de particular en ellos, y que hasta pueden resultar ocupaciones honrosas. Eso, si no tuviera en cuenta que matar vacas era actividad clandestina, perseguida y penada con las más altas condenas que alguien pueda imaginar; que hacer colchones consistía, esencialmente, en rellenar los colchones viejos con paja, a la vieja usanza, para revenderlos más tarde como si fueran nuevos a los más altos precios; y que ser cobrador de camionetas, aunque era oficio legal, requería de un alto grado de mala fe, cierto afán de torturador y vocación de acarreador de ganado, lo cual nos lleva, como serpiente que se muerde la cola, al primer oficio. Vale decir que, además de las vacas, se dedicó durante cierto tiempo a matar puercos, lo cual también era oficio legal, y que justificaba de cierta forma el verlo de vez en cuando con la ropa embarrada en sangre, con el cuchillón colgando de un costado. A esas alturas uno nunca sabía si regresaba del matadero legal o del clandestino, aunque siempre podía encargarle alguna que otra libra de la carne prohibida, a sabiendas de que al día siguiente estaría el paquete sobre tu mesa, calentico y todavía chorreando sangre.

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